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A - El exabrupto
Pablo Mora / Miércoles 27 de febrero de 2008
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Se precisa un lenguaje que no sea el acostumbrado retórico y bizarro. Un lenguaje de exabruptos intempestivo, violento, sorpresivo, alegre, potente, nuevo, explosivo, obsceno por lo subversivo, que rompa el vacío y el anodino. La gran desgracia que ya se interiorizó como normal es la resignación, la tristeza, la adaptación. El exabrupto es la esperanza para un nuevo hombre, un nuevo tiempo, un nuevo amanecer. Lejos el lenguaje carente de la fuerza del exabrupto. Urge el que exprese la miseria y el dolor del hambre, el que no abdique, el que grite la enfermedad y las enfermedades neurológicas de los niños latinoamericanos por desnutrición.

Necesitamos un lenguaje nuevo, lenguaje de páramo sin alimentos, sin agua, sin salud, sin esperanza. Lenguaje nuevo que exprese la miseria y nos duela el cuerpo al escucharlo —inventar un nuevo lenguaje que no produzca belleza, sino hambre infinita, mortalidad infantil, donde nuestros ojos se desorbiten como esos monstruos sin lactancias—, palabras sensaciones que no dejen de callarse nunca, que produzcan convulsiones como respuestas, que seamos epilépticos por un rato, que nos cadavericen, exabruptos bien venidos.

Basta de edificios de lenguaje que no nos sirven más para expresar nada, que ya no abarcan nada, que ya no explican nada, palabras vacías de conferencias, cumbres y simposiums. Necesitamos exabruptos que expresen los ojos reventados de hambre, los dolores infinitos, los aullidos. Que exploten toda la impostura y de esos escombros el lenguaje nuevo. La belleza de los restos, poesía de los escombros. A la hoguera con los lenguajes viejos, olor a trampa, a impudicia, a corrupción por todos los rincones. Construyamos un lenguaje lleno de exabruptos. Potencia de nuevas palabras que cambien el lenguaje que ya no dice nada, de retórica bizarra y encallecida que envejece y escucharla da vergüenza.

Un nuevo lenguaje alegre, potente, para un nuevo hombre, un nuevo porhacer. Necesitamos de muchos exabruptos para que no haya más vidas desquiciadas, desperdigadas, subhumanas en nuestro continente. Un aullido muy grande. El exabrupto es la esperanza, aunque se ofendan los reyes por un rato, el nuevo lenguaje confrontativo del mestizo, del zambo, del macaco, trae nuevas esperanzas, como cuando lo liberó bajando de los cerros la humildad humillada de los pobres y menesterosos que se convertían en humanos al él liderarlos. Exabrupto puro siempre. Que los bribones, los borbones, los burgueses y los terratenientes se escandalicen mientras nos sintamos invencibles por un rato. Las revoluciones sociales siempre han sido grandes exabruptos. Escandalosas.

Para eso, por eso, necesitamos mucho al macaco, nuestro Gran Macaco, los exabruptos del macaco, peleando a troche y moche con la fuerza de su lenguaje. Ante el horrendo desaguadero de la muerte, frente al rapaz imperio y su avaricia loca, espumeante de historias, tragedias y misterios; delante de los destellos del odio, el racismo, la supremacía del summum imperium, las cáusticas punzadas, el ejército de palabras, el ácido summum del macaco. (Fuente: “El exabrupto”. Por Eduardo Pavlovsky).


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